• El reto ahora consiste en dar el salto desde los ensayos a las prestación comercial
  • Los operadores animarán a los clientes 5G de más valor a contratar tarifas ilimitadas
  • La conectividad inalámbrica 5G es imbatible para ciertos servicios a la intemperie

La extensión de 5G en las comunicaciones móviles es una realidad. Con el despliegue el año pasado de las primeras redes de radio íntegramente 5G (stand-alone en inglés, es decir no dependientes de la señalización asociada a 4G ni tributarias de la frecuencia inferior de esta última tecnología, que ofrece menor ancho de banda) los usuarios, particularmente empresariales, están pudiendo comprobar qué hace realmente diferente a 5G frente a la generación anterior de comunicaciones móviles.

 

Cuando la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo encargado de delimitar las características de una tecnología en ese ámbito definió en junio de 2015 una visión y una hoja de ruta para 5G a través del documento IMT-2020, identificó ciertas capacidades o atributos que permitirían a la futura tecnología de radio respaldar determinados «escenarios de uso», concretamente tres, que se han venido a conocerse por sus siglas en inglés y que vinieron a denominarse banda ancha mejorada («eMBB»), comunicaciones de baja latencia de máxima fiabilidad (URLLC) y comunicaciones masivas para máquinas (mMTC). Los indicadores de rendimiento principales asociados a esas capacidades en general suponen un orden de evolución teórica varias veces superior al estandar de 4G. Así, la velocidad máxima de descarga pasa de 1,5 Gbps a 20Gbps, la latencia o retardo, o sea el tiempo que lleva a un «paquete» de datos a viajar en la red de acceso radio pasa de 10 milisegundos a 1 milisegundo y el número máximo de dispositivos conectados en un área de 1 kilómetro cuadrado puede llegar a un millón, mientras la métrica equivalente de 4G apenas superar los 60.000, con una densificación exponencial de las comunicaciones que todavía nos cuesta vislumbrar.

Las experiencias de los 123 casos de uso de los 10 proyectos de pilotos de 5G promovidos por Red.es y financiados por el FEDER, mucho de ellos todavía en desarrollo a lo largo de 2022, permiten sin embargo anticipar que esos rendimientos vienen exigidos por las funcionalidades asociadas a la gestión remota de dispositivos en entornos públicos o privados o por la multiplicación del tráfico de datos asociados a nuevos hábitos de uso de la telefonía móvil, que entre otras cosas en los últimos tiempos viene asumiendo una proporción creciente de la visualización de vídeos, en 5G asociada a la banda ancha mejorada -particularmente en medios de transporte terrestre colectivos- a que me he referido antes.

El reto muy pronto será dar el salto del ámbito de los ensayos al de la prestación comercial de servicios basados en la nueva tecnología. Como quiera que para el mercado de gran público los operadores ya han asumido la migración a 5G dentro de sus planes de conectividad móvil o integrada, con la probable pretensión de animar a medio plazo a los clientes de más valor a contratar tarifas ilimitadas, en un ejercicio de disputa de cuotas de resolución incierta, es en el amplio mercado de empresas y administraciones, que permite el diseño, desarrollo y oferta de servicios a medida, en el que se podrán concretar las posibilidades de extraer valor diferencial de 5G, clientes y operadores.

Como corresponde al líder, el primer operador en España en ofrecer servicios genéricos de 5G asociados a escenarios de uso determinados («off-the-shelf» en la expresión en inglés) ha sido Telefónica, que a través de su división de empresas Telefónica Tech anunció el pasado 29 de noviembre el lanzamiento de tres servicios:

1) para el empleo de robots teledirigidos (AGV) en entornos de fabricación,
2) para la asistencia remota a operadores (empleando recursos de realidad aumentada)
3) para la operación y gestión de flotas de drones para usos diversos.

Presumiblemente estas ofertas incorporan la experiencia acumulada en pilotos relevantes, tanto en el recurso a redes móviles públicas, privadas o híbridas, como el que estamos desarrollando en el País Vasco a través de la UTE «5G Euskadi» para la optimización del empleo de espectro, la conexión a un centro de procesamiento de datos (CPD) de proximidad («edge computing») y la necesidad de disponer de un catálogo abierto de dispositivos (módems, sensores) compatibles con la infraestructura asociada.

La adopción de estas soluciones ofrece mejorar los umbrales de fiabilidad de los procesos asociados y aportar ahorros relevantes de mano de obra, sea por la automatización de tareas, como en el primer servicio mencionado o por la posibilidad de emplear perfiles profesionales de menor cualificación, como en el segundo de ellos. La captura de los beneficios esperados de la incorporación de estas soluciones puede requerir la modificación de procesos y sistemas asociados, es decir una integración al menos en la captura, procesamiento y devolución de datos, prácticamente en tiempo real, aprovechando las capacidades de inteligencia artificial que habiliten una operación autónoma y potencialmente ininterrumpida.

El precio de los servicios es previsible que incorpore cierto grado de individualización, teniendo en cuenta la infraestructura de uso exclusivo, las licencias de uso de las aplicaciones -para las que los tres principales proveedores de las «cloud» públicas, como AWS («Wavelength»), Microsoft («Azure Stack Edge») y Google («Global Mobile Edge Cloud») han desarrollado una oferta de integración de los flujos de datos y su tratamiento específicamente para 5G aprovechando sus CPDs de proximidad- así como la amortización del espectro radioeléctrico dedicado por el operador (cabría pensar en modelos de cesión a largo plazo en la ubicación correspondiente, con las reservas necesarias, teniendo en cuenta el tráfico del lote asignado) y en particular sería necesario incluir una valoración económica del nivel de servicio pactado, conforme a niveles de disponibilidad, latencia y respuesta en caso de incidencia, que configuraría un determinado nivel general de servicio, presuponiendo la inexistencia de franquicia de datos.

Tal vez para instalaciones complejas o para varias localizaciones los modelos de comercialización lleguen a incorporar una retribución variable en función de retornos para los clientes. En los servicios a la intemperie (como el relacionado con los drones) la oferta de conectividad inalámbrica de 5G es imbatible, pero en interiores, particularmente en canales de 80-160 MHz, cuando no haya una alta densidad de dispositivos conectados o no existan estructuras metálicas que puedan generar campos de interferencia (por ejemplo, en la asistencia remota en recintos sanitarios), la alternativa de WiFi 6E ofrece rendimientos y prestaciones comparables, incluso superiores (en pruebas de CableLabs en una vivienda, con equipos ASUS, 1,7 Gbps de bajada y 1,2 Gbps de subida).

En paralelo con las propuestas de servicios a empresas, desde hace tiempo y normalmente a través de diferentes licitaciones, los operadores y en algunos casos los proveedores de infraestructuras de telefonía móvil están ofreciendo servicios de gestión de parques de dispositivos asociados a servicios públicos (alumbrado, gestión de tráfico, publicidad urbana), en algunos casos vinculados a la inversión en renovación de equipamientos (por ejemplo, la sustitución de luminarias), si bien para estos supuestos de tráfico de datos reducido (como ocurre, por ejemplo, en la gestión remota de cultivos o de plantas de energías renovables) otras tecnologías de IoT, como LoRaWAN son por el momento más competitivas que 5G.

Es improbable que asistamos a una masificación de soluciones industriales de 5G por negocios o «verticales», como se dice en la jerga del sector TIC. Por múltiples razones, empezando por el hecho de que la integración de capacidades de conectividad y herramientas informáticas, ahora más complejas por la combinación del procesamiento de la información en proximidad con una red de acceso dedicada demanda un elevado grado de personalización y constante ajuste, lo que dificulta la elaboración de un tarifario convencional, necesario para conseguir los beneficios de escala que puedan hacer competitiva la reconfiguración de propuestas.

La interoperabilidad (es decir, posibilidad de trasladar a otra infraestructura), la resiliencia y la flexibilidad de una solución a medida son imprescindibles pero extremadamente difíciles de conseguir, como se ha comprobado en diversas instalaciones. La trayectoria de los operadores y de los consultores de informática en la implantación de soluciones «off-the-shelf» no es halagüeña, en cuanto al cumplimiento de presupuestos y calendarios, pero quizás con las ofertas de 5G se hayan superado las dificultades experimentadas por los clientes institucionales con aplicaciones ERP.

Por otro lado, el carácter eminentemente dinámico de los patrones de uso requerirá un continuo ajuste, con un modelo de colaboración estrecha entre las organizaciones usuarias y el proveedor de la solución 5G, con perfiles y cualificaciones hasta ahora inhabituales. Ese modelo colaborativo podrá facilitar a su vez esquemas de compartición de riesgos y beneficios que abran nuevas perspectivas de eficiencia para los clientes y de rentabilidad para los proveedores, entre los que podrían figurar empresas que dispongan de infraestructura física de soporte adecuada para las nuevas redes 5G de propósito concreto (propietarios y gestores de emplazamientos y empresas de redes de distribución de energía), avivando la concurrencia de propuestas, especialmente si incorporan elementos para la optimización de los consumos energéticos asociados o la generación de derechos de emisión a favor del cliente.

En resumen, como puso recientemente de manifiesto en su blog el responsable de productos y soluciones BSS («software de apoyo al negocio» para operadores, o sea, comercial) de Ericsson, Jason Keane, tras realizar una encuesta entre 173 especialistas de 61 operadores a nivel mundial, apenas el 10 por ciento de estos últimos se manifestaron preparados para ofrecer y convertir en ingresos servicios empresariales de 5G, mientras cerca del 44 por ciento dijeron estar a medio camino de poder hacerlo.

La flexibilidad y la escalabilidad se consideraron atributos básicos de cualquier solución, a la vez que se planteó la necesidad de invertir sustancialmente en recursos técnicos, con la atención puesta en probables modificaciones de los escenarios de negocio (en realidad se sigue hablando de «casos de uso», lo que trasluce la dificultad para adquirir una visión comercial de las oportunidades).

2022 será el año de 5G, con todas las posibilidades de segmentación que esta tecnología ofrece en su versión «stand-alone» (separación y priorización de tráfico en función de los acuerdos de servicio asociados, aplicación de niveles diferenciales de seguridad según clientes que comparten recursos, etc), abierta a la individualización que demandan las necesidades empresariales híbridas de conectividad y procesamiento de datos o 5G no será una opción a corto plazo de revertir la debilidad de los ingresos en este ámbito de operadores e integradores.

Así lo veía recientemente el analista de Strategy&, el brazo de consultoría de PwC, Dan Hays: «de momento, 5G es solamente una versión potencialmente más rápida de 4G». Sin embargo, el conocimiento acumulado en los pilotos en marcha con múltiples casos de uso susceptibles de ser replicados en diferentes entornos y la capacidad de los profesionales de diseño y desarrollo de servicios de operadores e integradores abre una perspectiva ilusión ante a este negocio emergente.